Desde muy pequeño me han apasionado los videojuegos. Ya en el colegio construía pequeños juegos en papel para mis compañeros de clase inspirados en los videojuegos que tenía en casa o leía en las revistas. Si bien mi vida profesional me desvió del camino, siempre había soñado con ser un diseñador de juegos. No fuese hasta que descubrí Unity y otros motores de desarrollo que, finalmente, pude dar rienda suelta a mi pasión y centrarme en lo que más me gusta: Contar historias a través de los juegos.
He ido participando en certamenes y concursos, así como en diversas gamejams para ir desarrollando mi voz y descubriendo el medio. He intentado expandirlo con mis experimentos narrativos y organizando gamejams enfocadas al ámbito narrativo como la Rayuela de Arena que, tras siete años ininterrumpidos se ha convertido en una de las gamejams en español más importantes.
A lo largo de los años, he tenido el privilegio de trabajar en una variedad de proyectos, experimentando con diferentes medios y técnicas. Desde guiones para juegos de rol inmersivos hasta la creación de videojuegos que desafían las convenciones, cada experiencia ha contribuido a mi comprensión única de cómo contar una historia de manera efectiva y cautivadora.
El inicio de mi proceso es siempre una emoción o una sensación que quiero que el jugador experimente. Esa emoción debe estar rodeada de mecánicas que la generen y refuercen, no puede ser expresada sólo con palabras. Finalmente las palabras, si son necesarias, deben poner el broche de oro a la experiencia. El jugador y el juego deben compartir una relación simbiótica en la que cada elemento de la experiencia resuene y perdure en el tiempo.